El espejo roto del socialismo español: el «caso Zapatero» y el abismo de Moncloa
Samuel Ávila
Por: Licdo. Samuel Ávila
Hay noticias que no solo abren los telediarios, sino que agrietan los cimientos de un régimen político. La reciente imputación de José Luis Rodríguez Zapatero por la Audiencia Nacional investigado por presunta organización criminal, tráfico de influencias y blanqueo de capitales no es un sumario judicial más. Es la primera vez en la historia de la democracia española que un expresidente del Gobierno se enfrenta a una condición penal de este calibre. Y el impacto, lejos de quedarse en los pasillos de Madrid, ha estallado como una bomba de racimo en las cancillerías y redacciones de medio mundo.
Durante años, el relato oficial construyó en torno a Zapatero la figura del mediador global, el hombre de la «Alianza de Civilizaciones», el componedor de entuertos en la compleja geografía latinoamericana. Hoy, cabeceras internacionales de la talla de The Washington Post, Financial Times, The Guardian o La Repubblica dibujan un boceto radicalmente distinto. El eco de la prensa extranjera no muestra clemencia: se habla abiertamente de conexiones opacas con el régimen venezolano, de comisiones bajo sospecha en el rescate de la aerolínea Plus Ultra y de una presunta estructura que utilizaba empresas instrumentales. La imagen de una España institucionalmente sólida se desmorona a golpe de titular internacional.
Para el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), este escenario es una enmienda a la totalidad de su identidad reciente. Zapatero no era un jarrón chino arrumbado en un rincón de la memoria partidista; era el faro moral, el «gran movilizador» de las bases y el escudo ideológico al que las siglas recurrían en momentos de zozobra. Ver su nombre envuelto en registros de la UDEF, sumarios sobre Dubái y sospechas de comisiones millonarias deja al socialismo español sin defensas discursivas. ¿Cómo sostener la bandera de la regeneración democrática cuando el principal arquitecto del partido en las últimas décadas está citado a declarar como presunto cabecilla de una trama?
La onda de choque golpea de lleno, de forma inevitable, el despacho de Pedro Sánchez. En Italia, La Repubblica calificaba la investigación de manera certera como «un ataque al corazón del sanchismo». No le falta razón al análisis. Sánchez unió su destino político al de Zapatero, convirtiéndolo en su principal avalista y en el estratega en la sombra de sus pactos más arriesgados.
La Moncloa se encuentra hoy cercada por una pinza judicial y mediática asfixiante. Con el entorno del presidente bajo la lupa y su principal mentor político imputado, la narrativa de la «persecución de la ultraderecha» empieza a perder tracción, agotada por la contundencia de los autos judiciales. El cortafuegos se ha quemado. El futuro del PSOE ya no se dirime en los programas electorales, sino en la capacidad de resistencia de un Gobierno que ve cómo sus pilares históricos y presentes se erosionan simultáneamente.
La política española ha entrado en una fase de intemperie absoluta. Lo que está en juego no es solo el crédito personal de un expresidente o la supervivencia de unas siglas, sino la credibilidad internacional de un país que observa, entre la perpleión y el hastío, cómo sus instituciones más altas se convierten en material de crónica negra internacional.