Segregación femenina en Afganistán impulsa el resurgimiento del bacha bazi, una práctica que involucra explotación infantil
La exclusión casi total de las mujeres de la vida pública en Afganistán ha generado consecuencias profundas y poco visibles. Entre ellas, el resurgimiento del bacha bazi, una práctica cultural en la que niños preadolescentes son obligados a vestir como mujeres y bailar para hombres influyentes, exponiéndose posteriormente a situaciones de abuso y explotación.
Los menores, conocidos como Bacha Baree o “niños sin barba”, suelen provenir de familias en extrema pobreza. En muchos casos, son separados de sus hogares con la promesa de recibir educación o mejores oportunidades, cuando en realidad terminan sirviendo como entretenimiento para figuras de poder en distintas regiones del país.
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Aunque esta práctica fue prohibida durante el régimen talibán, investigaciones internacionales señalan que, tras la invasión estadounidense en 2001, varios antiguos comandantes muyahidines —posteriormente convertidos en autoridades locales, ministros o jefes militares— retomaron y normalizaron el bacha bazi. Organismos como Foreign Policy documentaron que, en ese periodo, aumentaron los secuestros, abusos y casos de trata de menores.
Al llegar a la adolescencia, cuando comienzan a desarrollar vello facial, muchos de estos niños son descartados por quienes los explotaban y enfrentan dificultades extremas para reintegrarse en la sociedad, debido al trauma psicológico y al estigma.
Expertos en derechos humanos advierten que la institucionalización de esta práctica revela un deterioro social profundo, donde la pobreza, la ausencia de la mujer en espacios públicos y la falta de mecanismos de protección infantil han creado un entorno propicio para la explotación. En algunos casos, la desesperación económica ha llevado a familias a entregar a sus hijos de manera consensuada, conscientes del destino que enfrentarán.
Organizaciones internacionales continúan denunciando esta situación y exhortan al establecimiento de políticas de protección infantil, así como al fortalecimiento de las instituciones locales para prevenir que estas prácticas sigan reproduciéndose