Cabarete y el Ayuntamiento duermen en camas separadas
Nati Ruiz
Por Natalie Ruiz Casado (Nati Casado)
Hay divorcios que se firman ante un juez y hay otros que se viven todos los días sin que nadie se atreva a reconocerlos. El de Cabarete y su Dirección Distrital es uno de ellos. Duermen en la misma casa, pero en camas separadas. Comparten territorio, presupuesto y dirección, pero hace tiempo que dejaron de hablar el mismo idioma.
Cabarete nació diferente. No nació alrededor de una plaza ni de una iglesia. Nació alrededor del viento, el mar y las olas. Cuando aquí había más monte que cemento y más culebras que habitantes, llegaron los primeros aventureros persiguiendo viento para sus velas. Descubrieron un paraíso escondido y comenzaron a contárselo al mundo.
Primero llegaron las velas. Después los colmados. Luego las escuelas de deportes acuáticos, los restaurantes, los hoteles y los pequeños negocios. Más tarde en el año 2000 llegó internet y con él llegaron Austria, Alemania, Canadá y decenas de países que convirtieron a Cabarete en una referencia mundial de los deportes acuáticos.
Mientras se regaba la voz, también se regaban las oportunidades. Pero hubo algo que nunca creció al mismo ritmo: la política.
Cuando Cabarete dejó de ser una calle perdida entre ‘monte y culebras’ y se convirtió en un destino internacional, llegaron los alcaldes, los regidores y las direcciones distritales. Sin embargo, mientras el destino se volvía cada vez más global, muchas de sus autoridades seguían atrapadas en una visión demasiado pequeña para el tamaño de sus desafíos. Cabarete creció más rápido que la preparación de quienes debían dirigirlo, y ahí nació la grieta.
Porque el gran problema de Cabarete no es solo la basura. Ni las aceras inconclusas. Ni la falta de iluminación. Ni siquiera el tránsito. El verdadero problema es la distancia que existe entre quienes gobiernan y la esencia misma de Cabarete.
Existe una especie de ‘puerto espacial’ entre el Ayuntamiento y la comunidad. Mientras empresarios organizan festivales internacionales, competencias mundiales, conciertos, proyectos de lujo, y posicionan la marca Cabarete positivamente en el mundo, las autoridades muchas veces observan desde el Facebook o critican con cintas métricas. Mientras se cobran arbitrios, permisos y uso de suelo con montos millonarios, sectores enteros de Cabrete continúan esperando calles dignas, aceras terminadas, iluminación, policlínica, y otros servicios básicos de calidad.
Hemos aprendido a discutir los síntomas a través de comentarios dañinos en redes sociales, mientras ignoramos la enfermedad, y la enfermedad tiene nombre: desconexión entre las autoridades y la comunidad. Entre la gestión pública y la visión de futuro. Entre quienes toman decisiones y quienes construyen cada día la identidad de este pueblo.
Porque Cabarete no es una nómina, ni un presupuesto. Cabarete es una energía. Es una cultura. Es una mezcla irrepetible de dominicanos y extranjeros unidos por un mismo sueño frente al mar.
Mientras quienes nos gobiernan sigan de espaldas a esa esencia, seguiremos viendo la misma escena cada mañana: Cabarete despertando con ganas de avanzar y su ayuntamiento durmiendo en otra habitación.
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