Palero: donde hacer país no tiene atajos
Alejandrina Sosa Marante
Desde hace algunos años me he jactado de poder decir que conozco todas las provincias del país que me vio renacer, como no conozco los 23 estados del que me vio nacer.
Sin embargo, la República Dominicana tiene el don de seguirme deleitando, porque si bien conozco otras comunidades además del municipio cabecera de cada provincia, todavía quedan muchísimas joyas por descubrir. RD lo tiene todo, incluso secretos y sorpresas.
El fin de semana pasado estuve en El Palero, una comunidad de Cenoví de Toma, al sureste de Santiago Rodríguez, gracias a una invitación del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales. Y lo que encontré ahí no fue solo un destino ecoturístico. Fue, sin exagerar, un experimento de país.
El recorrido inició en la Hidroeléctrica Comunitaria El Palero, construida y administrada por la misma comunidad, con una capacidad proyectada para suplir de energía a unas 400 familias, aunque hoy solo estén conectadas alrededor de 100.
Lo que nació en 2014 y se ha sostenido por más de diez años obliga a uno a replantearse lo que conocemos como “viveza criolla”. En Palero hay agilidad, sí, pero para hacer las cosas bien, con visión.
Mientras conocíamos lo que hoy es “Palero Eco Aventura”, Marcial Collado, uno de sus fundadores y presidente, nos contaba sobre las eco-villas que están desarrollando. Una ya está lista para ser equipada; ante la pregunta de si está ya conectada a la hidroeléctrica, respondió que aún no, pues hacen falta algunos requisitos, incluyendo el pago de un fee al comité hidroeléctrico. El mismo comité del que él forma parte. Aquí no hay atajos, ni siquiera para ellos mismos. Solo se contempla el cumplimiento de los procesos.
La sorpresa de nosotros visitantes fue grande, incluso hubo quien dijo, medio en broma, medio en serio, que aquello no parecía RD sino Suiza. Y la verdad, yo quiero pensar que ese RD del campo es al que debemos aspirar en la ciudad.
Muchas personas creen que República Dominicana inicia y termina en la capital, y ni mencionar a algunos extranjeros que creen que solo se trata de Punta Cana.
RD hoy, lamentablemente, no es como Palero, pero cuánto orgullo daría que ese fuese el objetivo.
El desarrollo turístico de esta comunidad empezó como suelen iniciar las mejores historias, por accidente. Lucecita, oriunda de San José de las Matas, y trotamundos por vocación, gracias a que sus hijos y nietos viven regados por el mundo, construyó en Palero una casa para pasar temporadas en las proximidades del Parque Armando Bermúdez. La sorpresa fue que la cabaña quedó más grande de la cuenta, así que los jóvenes de la comunidad le sugirieron que la alquilase. Hoy, esa villa es Casa de Campo Los Soñadores.
Y justamente eso es lo que uno ve en los ojos de estos muchachos, y los no tan muchachos como doña Blanca, Rafelo, Orfelina y Lucecita, sueños cumplidos y sueños por cumplirse.
Detrás de muchas de esas ideas hechas realidad hay una figura clave, Elvin Collado, a quien todos conocen como “el ingeniero”. Es el maestro de obra de la comunidad, el que ha ido dándole forma, literal, a buena parte de los proyectos, con una mezcla de conocimiento técnico y compromiso comunitario. Elvin es, además, hijo de doña Blanca, quien tiene su propio café y cuyo retrato adorna el anfiteatro que levantaron en Palero. Y es que aquí, cada estructura, cuenta una historia.
Años después del “accidente de Lucecita”, Félix Manuel Rodríguez, subencargado de la oficina del Ministerio de Turismo en Santiago Rodríguez, y gestor turístico de Monción, visitó Palero y les recomendó a los jóvenes formar un grupo de gestión para desarrollar el turismo sostenible en la localidad. Así lo hicieron y crearon Palero Eco Aventura como asociación sin fines de lucro.
Allí, desde sus inicios, está lo más interesante de Palero, sus decisiones enmarcadas en orden.
En algún punto del trayecto, uno de los visitantes dijo algo que me quedó dando vueltas en la cabeza: lo que mantiene a Palero tan bello es, precisamente, lo aislado que está.
Tierra, barro, tramos difíciles. Un acceso que filtra, desanimando al turista de paso y que de alguna forma, selecciona a quien realmente quiere llegar. Si eso se asfalta, se pierde la magia.
Pero en la cena, cuando nos atrevimos a hacerle ese comentario a Lucecita y Orfelina, nos respondieron que ya habían pensado en eso y tenían una mejor solución. Una carretera asfaltada no está en su visión, en su master plan lo que sí contemplan es una salida (¿o entrada?) mucho más óptima: mallas en las montañas para evitar deslizamientos y la compactación del terreno para hacer de esa vía una más segura.
No buscan abrir la puerta de par en par, pero sí que no se caiga.
Entienden mejor que nosotros el dilema de que la accesibilidad trae desarrollo pero también el riesgo de la masificación. Y Palero no quiere convertirse en víctima de su propio éxito.
De hecho, en medio de esa discusión nos comentaron que no descansan hasta que cada visitante les confirma que ya salió de la zona y está de vuelta en la autopista, a salvo. Lo de ellos no es una búsqueda de turismo indiscriminado, sino de seguridad. Una muestra más de que la hospitalidad de Palero trasciende su barro rojo.
Durante nuestra visita pudimos compartir también con Michela Izzo, de Guakía Ambiente y Ana María Díaz y su equipo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), aliados clave de este proyecto.
En ese mismo sentido y en el marco de la firma de Acuerdos de Co-Manejo Territorial del Parque Nacional Armando Bermúdez, sector Noroeste, y Reserva Forestal Alto Mao, Paíno Henríquez, ministro de Medio Ambiente, compartió un dato que nos obliga a poner las cosas en perspectiva: cerca del 27 % del territorio nacional es área protegida. Es decir, más de una cuarta parte del país. Y personalmente, me resultó particularmente valioso ser testigo de que sí, el Estado está presente trabajando codo a codo en el rescate, mantenimiento y manejo efectivo del sistema nacional de áreas protegidas, pero permitiendo además que las comunidades sean las protagonistas de su propio desarrollo. Allí está la diferencia.
En su momento, Félix Manuel también trabajó con la Agencia Japonesa de Cooperación Internacional (JICA) y nos cuentan de apoyo que han recibido de embajadas como la alemana y la francesa. Los comunitarios tienen la intención y sus ideas claras, pero el acompañamiento de otros actores a través de sus estructuras, haa sido determinantes. No están ahí para apropiarse, sino para acompañarlos a ellos, los verdaderos dueños del proceso.
Gary de Arriba, Andariego, llegó a Palero en 2021 y se enamoró del lugar. Hoy tiene tierra allí y siembra junto a los locales. Cuando le escribí para contarle que estábamos en la comunidad, se alegró muchísimo de sabernos en Palero, a lo que llama su segundo hogar. Aprovechó de mandarnos unos racimos de guineo con Elvin y cuando le agradecí me dijo que gracias a nosotros por llegar hasta allí, «Esa comunidad es una joya, un caso de estudio. Hay que apoyarla». Y tiene razón.
Palero no necesita que lo descubran, necesita que no lo arruinemos. Sobre todo en tiempos donde todo compite por volverse viral, por crecer más y más rápido, Palero está apostando a crecer mejor, más consciente, más suyo.
Esta es la verdadera lección, no todo lo que puede desarrollarse, debe hacerse sin medida. A veces el verdadero progreso, el sostenible, está en saber crecer sin dejar de ser.