Clásico Mundial de Béisbol: química, orgullo y fe
Alfredo Garcia
Relaciones Públicas y Comunicación Estratégica
Por Alfredo García
El equipo dominicano en el Clásico Mundial de Béisbol tiene muchas ventajas que van más allá de la capacidad de bateo y defensa que pueda exhibir cada uno de sus integrantes, toda vez que las habilidades blandas de compactación y química, dejan claro que su mayor fortaleza radica en lo que no se puede medir ni ver.
Ese equipo es dueño de una química, pasión y fe que desborda lo común, por lo cual se ha granjeado el amor de todo el pueblo dominicano con tanta intensidad, que hacía décadas que los dominicanos de todas las edades y clases sociales no se unían de manera tan compacta en torno a una causa como ha ocurrido con esta.
El pueblo entero, tanto los de aquí como los de allá, siguen atentos y orgullosos cada incidencia tanto en el terreno de juego como todo el ecosistema dominicano que se ha creado en los alrededores del estadio en Miami.
Todo ello para rendir honor a unos muchachos que han depuesto sus egos para compactarse en un mismo sentir, con el propósito compartido de elevar a su máxima expresión los colores blanco, rojo y azul de la bandera dominicana.
Independientemente de lo que pase en el Clásico, ya esos muchachos tienen lo más valioso que atleta alguno pueda soñar y es el orgullo de su gente, el cual no viene por los logros que ellos han alcanzado o puedan alcanzar, sino por su deseo de demostrar que son dominicanos y por el orgullo con que portan su nacionalidad.
Si bien es cierto que MLB es donde ellos tienen sus grandes contratos, me atrevo a afirmar que cada juego de este Clásico Mundial es más importante para cada uno de ellos que un séptimo juego de Serie Mundial.
También hay que resaltar que la química entre ellos, sin competencia, sin protagonismos y sin egos dañinos le han permitido jugar divirtiéndose plenamente como si fueran niños jugando a la pelota.
Entre ellos no hay presión, no hay temores, no hay dudas, pero lo que sí hay es apoyo, gestos de respeto, consideración y fe, esta última quedó evidenciada en cómo se encomendaron a la voluntad del Señor guiados en una oración por Pedro Martínez, antes del primer juego contra Nicaragua.
Pero de igual manera, son unos jóvenes que veneran, respetan y aprenden de las estrellas dominicanas que le antecedieron y cuando comparten con las leyendas se nota el respeto, la admiración y el deseo de aprender de ellos.
Sin dudas, hay demasiadas cosas buenas pasando dentro y fuera del equipo dominicano en el Clásico Mundial de Béisbol, y lo mejor es que están contagiando al pueblo dominicano que se ha unido en un abrazo de apoyo incondicional a un equipo que está dispuesto a darlo todo por la patria y esa patria le ha sabido dar la gloria y reconocimiento que merecen, no por lo que han ganado, sino por su desprendimiento total para enarbolarla hasta el paroxismo.