Nantucket: una isla en gringolandia con más cabrereños que el mismo Cabrera

Nantucket: una isla en gringolandia con más cabrereños que el mismo Cabrera
Logo Diario del País
@DiarioDelPaisrd
Publicado:
3 min de lectura

En medio del Atlántico, a unas treinta millas de Massachusetts, se encuentra Nantucket, una isla pequeña en tamaño, pero enorme en diversidad cultural, famosa por su relación con la novela Moby Dick y conocida como refugio veraniego de millonarios y celebridades como Johnny Depp, Gisele Bündchen o las Kardashian.

Según el último censo de 2020, unas 14,255 personas llaman hogar a este pedazo de tierra rodeado de mar. Durante los meses de verano, la población puede triplicarse con la llegada de turistas y trabajadores temporales que sostienen la industria hotelera, gastronómica y de servicios. Sin embargo, más allá del turismo de lujo y las postales de playa, Nantucket guarda una historia migratoria que la ha transformado en un mosaico humano.

Dentro de ese crisol de comunidades, los dominicanos han encontrado un lugar importante. Se estima que más de 1,200 isleños son oriundos de la República Dominicana, lo que los convierte en una de las comunidades latinas más numerosas de Nantucket.

Nantucket no solo alberga mansiones y turismo de lujo, también se ha convertido en un espacio de oportunidades para cientos de dominicanos.

Muchos de ellos provienen específicamente de Cabrera, en la provincia María Trinidad Sánchez, un municipio costero del nordeste dominicano que ha visto partir a varias generaciones hacia los Estados Unidos. Ese puente invisible entre Cabrera y Nantucket se ha fortalecido a través de los años, creando una red de familias, amistades y tradiciones que se mantienen vivas en suelo extranjero.

Su vida no es sencilla. En verano, la demanda laboral en construcción, hotelería y servicios los lleva a jornadas de 12 a 15 horas diarias, mientras que en invierno apenas trabajan 4 o 6 horas por el clima. Además, muchos permanecen en situación irregular, tras entrar con visa y quedarse, lo que los obliga a aceptar salarios menores que los trabajadores con papeles. Aun así, la diferencia cambiaria convierte cada dólar en esperanza para sus familias en la República Dominicana.

Un carpintero con experiencia, cuenta un cabrereño, puede ganar 35 dólares la hora, mientras que un principiante recibe unos 23 dólares. Sin embargo, no faltan casos de abusos: “Algunos con experiencia contratan a principiantes, les hacen cobrar 25, pero solo les pagan 18 y se quedan con la diferencia”, relata.

La migración dominicana hacia Estados Unidos no es un fenómeno nuevo. Desde mediados del siglo XX, miles de dominicanos han buscado en el exterior lo que en su país parecía escaso: mejores salarios, estabilidad económica y oportunidades de crecimiento. Hoy, la diáspora dominicana supera los dos millones de personas en el mundo, con presencia en ciudades como Nueva York, Miami, Madrid, y, más discretamente, en lugares como Nantucket. Allí, los dominicanos no solo forman parte de la fuerza laboral que sostiene el turismo, sino que también han tejido comunidad: celebran sus fiestas patrias, mantienen vivo el béisbol y transmiten a sus hijos el acento y las costumbres del Caribe.

Esa es la paradoja de estos migrantes: viven en dólares, pero piensan en pesos. Cada hora trabajada está pensada en construir una casa, en mantener a la familia, en asegurar un futuro en Cabrera si el ICE los deporta. Aunque físicamente están en Nantucket, su mente y espíritu siguen anclados a la República Dominicana.

🤔

¿Tú qué opinas?

Ve a una de nuestras redes sociales y deja tu comentario en esta noticia.