No pocas personas se preguntan sobre lo que va a cambiar en el mundo a raíz de la pandemia del SARS COV 2. Nos preguntamos si, por motivos de seguridad y salubridad, la forma en que producimos y consumimos cambiará y si la producción volverá a crecer de la forma en que lo hizo a lo largo de las últimas décadas. También si, por las mismas razones, adoptaremos formas distintas de interactuar y relacionarnos y si la política, los estados y las políticas públicas se transformarán de alguna manera importante.

La verdad es que no hay respuestas claras para esas preguntas. Simplemente no sabemos lo que pasará. Es claro que las cuarentenas le han dado un batacazo sin precedente a la economía mundial. También que en varios países el número de fallecimientos por COVID 19 ha sido alto. Sin embargo, muy probablemente las cuarentenas terminarán siendo relativamente cortas y no producirán cambios drásticos en las percepciones, las conciencias y los comportamientos. Estos son los fundamentos de transformaciones de largo alcance.

No obstante, la necesidad de lograr transformaciones significativas que reduzcan las vulnerabilidades en la salud y la economía es bastante obvia. En el país y en el mundo hay al menos cuatro grandes aspectos que ameritan golpes de timón. Lo ameritaban desde antes de la epidemia y con ella se ha hecho más evidente.

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Diario del País

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