Leonel se fue en teoría sobre Venezuela: habló pila y quedó peor

Leonel se fue en teoría sobre Venezuela: habló pila y quedó peor
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Leonel Fernández, se fue en teoría. Se fue largo, se fue elegante y se fue por las ramas.

En su discurso sobre Venezuela mencionó de todo: la ONU, la OEA, Europa, presidentes, expresidentes… y hasta al Papa. Como si citar a medio planeta le diera claridad a una posición que, en el fondo, no quiso asumir. Porque habló mucho, pero no dijo lo esencial.

Actuó como quien quiere decir, pero no dice.
Como quien quiere acusar, pero no acusa.
Como quien quiere negar, pero no niega.

Condena la intervención militar, sí. Pero lo hace cubriéndose con voces multilaterales para no quedar mal con nadie. Ni con Washington, ni con Caracas. Mucho cuidado, mucho equilibrio, mucha diplomacia… y cero firmeza. Criticó la intervención, pero no se atrevió a decir quién es el invasor, quién bombardeó, quién capturó, quién cruzó la línea. Eso, Leonel, no es prudencia: es cálculo.

Se refugió en lo que queda de la izquierda latinoamericana: En Chile, un Boric que apenas tiene una aprobación de 29,8%, en México con una presidenta heredera de un trono capitalizado por la izquierda de Lopez Obrador, y obvio que iba a coincidir con Lula como referencia de valores democráticos. 

Y luego dice, sin ruborizarse, que ha actuado de manera “desinteresada, en favor de la paz”. Perdóneme, pero eso no se lo cree nadie en Venezuela. Usted no fue un actor desinteresado. Usted fue aliado ideológico y político del proyecto bolivariano. Cultivó una relación cercana con Hugo Chávez, mantuvo vínculos fluidos con Nicolás Maduro y cerró acuerdos millonarios bajo el paraguas de Petrocaribe, cuando el chavismo ya daba señales claras de autoritarismo.

Hoy usted habla como si siempre hubiese sido un árbitro imparcial.
Como si su presencia repetida como “observador internacional” no hubiese servido para normalizar procesos electorales profundamente cuestionados. Como si su silencio de años no hubiese pesado. Como si no hubiese legitimado, con su sola presencia, un sistema que terminó expulsando a millones de venezolanos.

Y entonces llega el momento más revelador de su discurso: cuando dice sentirse “profundamente orgulloso” de haber contribuido a devolverle algo a Venezuela por lo que Venezuela hizo por República Dominicana.

Leonel, esa deuda no la pagó usted. Esa solidaridad la hemos recibido los venezolanos del dominicano de a pie: del que nos dio trabajo, del que nos tendió la mano, del que nos abrió la puerta de su casa. Usted, en cambio, no hizo nada por la democracia venezolana, ni por los presos políticos, ni por los exiliados.

Gracias, igual, por no hacer nada.
Gracias por la retórica.
Gracias por la teoría.

Porque lo que quedó claro no fue su preocupación por Venezuela, sino su autodefensa política. Su necesidad de reposicionarse como estadista internacional. Su intento de limpiar el pasado sin asumirlo.

No es casual que empezara hablando de un conflicto internacional y terminara hablando del alto costo de la vida, del deterioro de los servicios públicos y de los problemas dominicanos. Ahí sí subió la voz. Ahí sí fue directo. Ahí sí acusó. Venezuela fue el pretexto; el verdadero mensaje es su hambre de poder y su obsesión por volver a ser presidente.

No esperábamos más de usted.
La verdad… no esperábamos nada.

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