Inmigrantes recluidos en EE.UU., a merced del COVID-19

Los Ángeles/Washington, (EFE).- «Nos decían que tomáramos mucha agua y que hiciéramos gárgaras con sal». Sin medicamentos para aliviar el dolor, este fue el único tratamiento que recibió José Juan Prieto al contraer el coronavirus en un centro de detención de migrantes en EE.UU., antes de que fuera deportado a México tras recuperarse.

Su caso es uno de los más extremos sobre cómo ha transcurrido la pandemia en numerosas cárceles de este tipo en EE.UU., donde miles de inmigrantes se hacinan y el distanciamiento social es casi imposible.

En el Centro de Detención de Otay Mesa, en California, la falta de tapabocas y guantes al inicio de la crisis sanitaria era una de las principales inquietudes de Prieto.

Su preocupación no ha resultado infundada, ya que ha sido una de las prisiones para inmigrantes más golpeadas por la pandemia hasta el momento, con 155 de los 1.201 casos confirmados por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, en inglés) entre la población bajo su custodia.

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Diario del País

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