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Cirujano plástico Edgar Contreras enfrenta graves acusaciones por mala praxis

8:03 pm enero 15, 2024 2 min de lectura
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El cirujano plástico Edgar Contreras se encuentra en el centro de una polémica tras una serie de denuncias por mala praxis médica, que incluyen infecciones, amputaciones, deformaciones y hasta muertes, según revela la periodista Nuria Piera. Con un historial que se remonta a 1998, Contreras ha sido objeto de más de una decena de investigaciones periodísticas por acusaciones de diversas mujeres.

En 1998, la muerte de Dhelmalyz Ríos Rivera después de una serie de procedimientos quirúrgicos realizados por Contreras marcó el inicio de una serie de eventos desafortunados. Al año siguiente, la periodista Isabel Vargas falleció tras una liposucción, lo que llevó a las autoridades a cerrar temporalmente la clínica y suspender la licencia de Contreras. A pesar de la apelación exitosa del cirujano, las denuncias continuaron.

Sandra Rodríguez, actriz puertorriqueña, sufrió infecciones graves y necrosis después de una abdominoplastia y mamoplastia en 2003. Ángela Rosario murió por complicaciones respiratorias después de una liposucción en 2005. En 2006, Arlette Hernández acusó a Contreras de perforarle el pulmón durante un implante de senos. Elisa Rosario experimentó mala cicatrización después de múltiples cirugías en 2007.

El caso más reciente, en 2014, involucró a Rosmery Batista, quien sufrió complicaciones severas después de una abdominoplastia y cirugía de senos, necesitando atención de emergencia. Además de las acusaciones de mala práctica, Contreras fue condenado en 2018 por falsificación de documentos.

Piera resalta la preocupante realidad de que, a pesar de las múltiples denuncias y el historial alarmante, Contreras continúa ejerciendo su profesión. En respuesta a estas acusaciones, Contreras ha defendido su práctica médica y ha cuestionado la legalidad de la entrada de Piera a su consultorio, afirmando que cumplió con todos los protocolos médicos necesarios.

Este caso pone de relieve las preocupaciones sobre la regulación y supervisión de la práctica médica en el campo de la cirugía plástica, y plantea serias preguntas sobre cómo un cirujano con un historial tan cuestionable puede seguir operando.