25 años del 11 de Septiembre: las heridas de los ataques que marcaron EEUU para siempre

25 años del 11 de Septiembre: las heridas de los ataques que marcaron EEUU para siempre
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Cuando los aviones secuestrados se estrellaron y los edificios se desplomaron en aquella soleada mañana del 11 de Septiembre, hace 25 años, las ondas de choque de la consternación y el dolor se extendieron mucho más allá del centro de Nueva York, las zonas rurales del oeste de Pensilvania y los alrededores de Washington D.C.

Se propagaron a lo largo de todos los rincones de Estados Unidos —en comunidades grandes y pequeñas— y socavaron la sensación de seguridad de los estadounidenses y de su lugar en el mundo. Los corazones estaban desconsolados en toda la nación, no sólo los de quienes perdieron a sus seres queridos, sino también los de desconocidos que vivieron un duelo por ellos.

Los atentados del 11 de septiembre de 2001 no dejaron a nadie indiferente ni inmune, y crearon un momento no deseado de unidad horrorizada.

Una mirada 25 años después


Veinticinco años después de que dos aviones secuestrados derribaran el World Trade Center entre nubes de polvo, el Bajo Manhattan prospera. El Distrito Financiero —ahora conocido como FiDi— cuenta con el doble de residentes y nuevos bares y restaurantes en un vecindario que antes quedaba desierto al finalizar la jornada bursátil de Wall Street. El observatorio del reconstruido One World Trade Center ofrece vistas de la ciudad de Nueva York desde el edificio más alto del país, cuya altura alcanza la cifra simbólica de 1,776 pies. El Museo y Monumento del 11-S recibe a unas 9,000 personas al día.

En el Pentágono, más de un millón de personas visitan cada año su monumento al aire libre: 184 bancos situados sobre estanques de agua, colocados a lo largo de la trayectoria del tercer avión secuestrado.

Cerca del campo donde se estrelló el cuarto avión, a las afueras de Shanksville (Pensilvania), se rinde homenaje a los pasajeros con un muro de mármol blanco que exhibe sus nombres. El lema reza: «Un campo común un día, un campo de honor para siempre».

El país se unirá este viernes para conmemorar una tragedia nacional compartida, aunque otros cambios siguen generando controversia.

Estados Unidos entró en guerra en Afganistán e Irak, y ambos conflictos frustraron la posibilidad de obtener victorias militares rápidas. El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) y su agencia, ICE —creados tras los atentados del 11 de Septiembre—, son objeto de protestas debido a las tácticas empleadas con migrantes y refugiados. El entonces presidente George W. Bush reclamó mayores poderes para la presidencia, incluyendo la creación de tribunales militares y el uso de métodos de interrogatorio severos —calificados de tortura por los críticos— que han obstaculizado la labor de los fiscales.

Osama bin Laden, fundador de Al Qaeda e indignado por la política exterior estadounidense, murió durante una incursión en Pakistán; sin embargo, el hombre acusado de ser el cerebro de los atentados, Khalid Sheikh Mohammed, permanece encarcelado en la base naval de Estados Unidos en la Bahía de Guantánamo (Cuba). Un juez militar dictaminó que las confesiones que hizo ante agentes del FBI no podían utilizarse en su contra, ya que no fueron prestadas voluntariamente. Mohammed fue sometido a la técnica de ahogamiento simulado (waterboarding) en 183 ocasiones mientras estuvo detenido anteriormente en prisiones secretas de la CIA. La fecha de su juicio está fijada ahora para el 5 de junio de 2028.

Cómo ocurrieron los ataques del 11 de Septiembre


En la mañana del 11 de septiembre de 2001, 19 hombres secuestraron cuatro aviones comerciales que se dirigían a California desde Boston, Newark y Washington D.C.

Dos de los aviones —el vuelo 11 de American Airlines y el vuelo 175 de United— despegaron de Boston con destino a Los Ángeles; cada uno llevaba a bordo cinco secuestradores. En el Aeropuerto Internacional Washington Dulles, otros cinco secuestradores abordaron el vuelo 77 de American Airlines, también con destino a Los Ángeles. El último avión, el vuelo 93 de United Airlines con destino a San Francisco, partió del Aeropuerto Internacional de Newark con cuatro secuestradores a bordo.

Dos de los aviones se estrellaron contra las Torres Gemelas del World Trade Center, el tercero provocó el derrumbe de una sección de uno de los anillos del Pentágono y el cuarto cayó en un campo cerca de Shanksville después de que los pasajeros irrumpieran en la cabina de mando.

Quince de los secuestradores pertenecientes a Al Qaeda eran de Arabia Saudita. Los demás procedían de Egipto, el Líbano y los Emiratos Árabes Unidos.

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